El planeta Glindor es de un tamaño bastante pequeño y su poca fuerza de gravedad hace que todas las cosas deban estar firmemente atadas al suelo con cadenas para que no se eleven y se pierdan por el espacio. Superado este inconveniente mínimo, los glindorianos vivían felices saltado, brincando y recolectando polvo de estrellas. Cuando lo necesitaban acudían a la ferrería y compraban los metros de cadena que le hicieran falta. Con una atmósfera tan leve apenas se oxidaban y duraban decenios y decenios. Pero los fabricantes de cadenas empezaron a darse cuenta de que su negocio estaba un poco estancado. No daba todos los beneficios que ellos quisieran, solo valía para subsistir. En poco tiempo a alguien se le ocurrió la idea de hacer una asociación para compartir ideas. Después se fueron uniendo unos con otros. Absorciones de empresas, comunidades de bienes, fusiones, opas amistosas y hostiles, uniones de negocios, holdings, etc... a lo largo y ancho de todo el planeta consiguieron en va