Márketing de cadenas

El planeta Glindor es de un tamaño bastante pequeño y su poca fuerza de gravedad hace que todas las cosas deban estar firmemente atadas al suelo con cadenas para que no se eleven y se pierdan por el espacio. Superado este inconveniente mínimo, los glindorianos vivían felices saltado, brincando y recolectando polvo de estrellas.


Cuando lo necesitaban acudían a la ferrería y compraban los metros de cadena que le hicieran falta. Con una atmósfera tan leve apenas se oxidaban y duraban decenios y decenios. Pero los fabricantes de cadenas empezaron a darse cuenta de que su negocio estaba un poco estancado. No daba todos los beneficios que ellos quisieran, solo valía para subsistir. En poco tiempo a alguien se le ocurrió la idea de hacer una asociación para compartir ideas. Después se fueron uniendo unos con otros. Absorciones de empresas, comunidades de bienes, fusiones, opas amistosas y hostiles, uniones de negocios, holdings, etc... a lo largo y ancho de todo el planeta consiguieron en varios años reconcentrar el vital negocio de fabricación y venta de cadenas en unas pocas manos.

Todo empezó a ir muy bien. Modernas factorías reemplazaron a las lúgubres ferrerías de la antigüedad. Cuando alguien necesitaba atar algo acudía a la red de tiendas Chain-Shopping donde podía comprar las cadenas en rollos indivisibles de 300 metros. Y con un poco de suerte había oferta y te llevabas tres rollos y pagabas sólo dos. Los modernos diseños y vivos colores cambiaban cada temporada y los nuevos materiales ideados por los ingenieros corporativos tenían cualidades como fosforescencia o elasticidad.

Pero la característica estrella de todas estas cadenas de nueva generación era que incluían de serie un porcentaje de eslabones fabricados en un material inteligente que se fracturaba pasado un tiempo. Ya era necesario atar cada objeto con doble cadena para que no escapara al espacio en caso de que se rompiera una. También estaba muy mal visto intentar reparar las cadenas o hacerles nudos. Era necesario que todas fueran perfectas e idénticas de principio a fin. Como mucho te vendían en las Chain-Shopping un kit de reparación socialmente aceptado que se llegó a demostrar bastante inútil porque las cadenas siempre acababan rompiéndose por otro sitio. Pero esto no era muy grave, se tiraban y se compraban otras más modernas.

Pasados los siglos, el resultado ha sido que ahora en el planeta Glindor solo están los descendientes de los últimos fabricantes conocidos, que intentan sobrevivir en medio de montañas y montañas de trozos de cadenas rotas.

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