Bancos, telefónicas, eléctricas... y ascensores

Los hechos ocurridos esta semana en Madrid donde una gestoría ha cerrado y se ha llevado por delante el dinero de más de trescientas comunidades de propietarios dejándolas en la ruína, nos hacen reflexionar, un poco de rebote, sobre otro de los grandes enemigos de la economía de los ciudadanos.

Siempre nos estamos quejando de los bancos, las telefónicas y desde hace menos tiempo también de las eléctricas, pero algo un poco más olvidado son las empresas de ascensores. Quizás sea porque en vez de quitarnos el dinero directamente a nosotros, lo hacen a través de la comunidad de propietarios del edificio y parece que no nos damos cuenta.

Para la mayoría de comunidades, los ascensores suponen el principal gasto. Su instalación ya fue pagada cuando se construyó el edificio, y en realidad no gastan demasiada electricidad, pero ahí no acaba nada. Al abultado plan de conservación que se paga mensualmente hay que añadir una constante escalada de gastos extras para mejoras en los ascensores que nunca son las definitivas.

Ante supuestas nuevas normativas que exigen cosas como teléfonos de emergencia o arreglos "abstractos" en la sala de máquinas, el comercial de la empresa asusta un poco a los propietarios con clausurarles el ascensor en la próxima revisión y estos pasan por el aro y contratan todo lo que haya que contratar mucho antes de que sea necesario y en las peores condiciones. Los presidentes, casi siempre elegidos a la fuerza, no tienen tiempo ni ganas ni los conocimientos necesarios para rebatir nada ni negociar con estos gigantes, y los administradores de fincas, en caso de haberlos, muchas veces saben demasiado bien lo que hacen y por qué lo hacen.

El resultado final es que todas las demás mejoras que pudiéramos desear para nuestro edificio -limpieza y embellecimiento, seguridad, ahorro energético, comodidad y calidad de vida-  se van quedando a un lado porque la comunidad nunca tiene dinero. Siempre está esperando a revivir un poco cuando se termine de pagar el préstamo -con una financiera extraña y en condiciones terribles- de la modernización del ascensor... pero para entonces el departamento comercial de estas grandes empresas ya se habrá inventado otra costosa mejora obligatoria y volveremos a empezar de nuevo a pagar.

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