Haciendo el ridículo con la colonia de Antonio Banderas

Es momento de hacer regalos y quizas por flojera, por falta de tiempo para elegir algo mejor, o por dejadez recurrimos a la socorrida y revenida solución de regalar una caja de perfumes. Confiamos en las marcas, tanto de la tienda como del producto, y nos decidimos sin pensarlo demasiado por esta de Antonio Banderas, ahí tan guapo fotografiado en la caja. Bien está. Da igual como huela. Sale mucho en la tele. Con eso vale, le gutará.


Pero por muy dorados que sen los tarros, no es oro todo lo que reluce. Como no lo agarres bien se cae al suelo, todo el peso está en un lado, el otro está vacío. Resulta que una vez en casa analizamos con más tranquilidad el regalito y la caja tan grande básicamente contiene tres litros de aire.

Si por lo menos fuera aire envasado de la casa de Antonio Banderas, igual los admiradores más fervientes lo sabían apreciar, pero el aire que hemos comprado junto con las colonias no tiene nada de especial. Es el que había en el local del Mercadona cuando fuimos a hacer la compra.


La diferencia de tamaño entre los envases de los perfumes y el tamaño exterior de nuestra caja es brutal. Apenas éstos ocupan una décima parte del volumen total 275 x 200 x 60 mm. Cuando compras una botella de vino, desde el más barato hasta el más exclusivo, siempre viene prácticamente llena. El 10% sería un culín. Pondríamos el grito en el cielo. Lo mismo con la mayoría de otros productos. A ver por qué los perfumistas nos toman el pelo de esta manera.

Bien es cierto que buscando imágenes de este perfume, apenas aparece este packaging tan pretencioso, sino que la mayoría son otros envases algo más acordes al tamaño de los botes. Se ve que con esta compra nos ha tocado ser los pardillos.

El caso es que no pensamos finalmente regalar esta colonia. Ya hemos caído nosotros en la trampa y nos la quedaremos nosotros. No vamos a entregarle a nadie en grandes manos una caja enorme con tres litros de aire del Mercadona y dos botecitos pequeñitos ahí dentro. Ahora lo que está en juego es nuestra propia imagen al hacer un regalo a alguien que apreciamos. El auténtico Golden Secret es no confiar en estas mercadotecnias chungas, y no intentar engañar a primera vista a nuestro agasajado, sino mejor gastar nuestro tiempo y nuestro dinero en elegir un regalo bueno de verdad.


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