Cómo nos preparamos para instalar Linux

Hoy vamos a recordar cómo fue la triste despedida de Windows XP para cambiarlo definitivamente por Linux. Explicaremos por qué lo hicimos, y las medidas que tomamos antes del momento de la instalación. El durante y el después vendrán en próximos capítulos de esta historia. Hace ya varias semanas, y muchos detalles de Windows ya se me han olvidado porque esto es como haberse mudado a una capital.


Como dijimos anteriormente, no habíamos cambiado ya a Linux por simple dejadez. Windows iba funcionando bien y nunca habíamos tenido tiempo ni ganas de calentarnos la cabeza demasiado con esto. El motivo para poner de una vez todo patas arriba y cambiar el sistema operativo fue la finalización del soporte técnico de Windows XP. Teníamos varias opciones como seguir usando un sistema inseguro, gastar dinero en actualizar el hardware para instalar Windows 7, o comprar otro ordenador totalmente nuevo con Windows 8. Cono no queríamos hacer nada de lo anterior, nos decidimos por instalar alguna versión de Linux para poder seguir usando el ordenador tal cual está.

Desde un primer momento tuvimos claro que íbamos a hacer una migración a Linux completa. No íbamos a conservar Windows XP en otra partición del disco duro ni nada por el estilo. Previamente ya sabíamos que la mayoría de programas y documentos que manejamos también iban a funcionar en Linux, así que todo perfecto.

Ahora tocaba decidir cual distribución de Linux íbamos a usar. Los expertos en informática tendrán sus preferencias y sus ideas muy claras sobre cual es la mejor. Pero alguien recién llegado lo que busca es una que funcione bien, que aparentemente sea sencilla, y que tenga suficiente número de usuarios como para poder consultar mucha información en internet. La elección parece que estaba clara. La que está de moda ahora. Ubuntu.

Estas distribuciones de Linux nos ofrecen la magnífica posibilidad de probar el sistema operativo completo antes de instalarlo, usando un Live CD. Esto es un archivo de gran tamaño que te descargas de internet y lo grabas en un DVD. Lo introduces en el ordenador en el momento del arranque y te hartas de usar Linux sin afectar a lo que tengas grabado en el disco duro. Luego lo sacas, reinicias y aparece el Windows XP o el sistema que tengas como si nada.

Para obtener nuestros Live CD tuvimos que visitar la web oficial de Ubuntu, y allí nos encontramos con el primer dilema. 32 bits o 64 bits. Los programas de 64 bits aprovechan mejor las capacidades técnicas de los ordenadores, pero sólo funcionan en los microprocesadores que sean muy modernos. El nuestro es un Pentium 4 y está al límite inferior de esta modernidad. Para saber si es compatible o no, en vez de darse el lote de leer documentación técnica, lo más sencillo era grabarse un Live CD de 64 bits y probarlo a ver si funcionaba. Y funcionó. Así que nuestro nuevo sistema operativo será de 64 bits. Si no, hubiera sido de 32 sin mayores inconvenientes.

Decididos por Ubuntu y por los 64 bits, todavía había más cosas que decidir. En primer lugar la versión actual estable de Ubuntu que había en febrero era la 13.10, que sólo tenía soporte técnico hasta este verano de 2014. No era plan de querer quitar Windows XP por este motivo, y poner otro que también nos dejara sin actualizaciones muy pronto. La versión de Ubuntu con soporte extendido que había entonces era la 12.04 LTS, que ya tenía casi dos años de antigüedad. Que viejo. Pero afortunadamente estaba en preparación la versión 14.04 LTS que iba a salir a finales de abril, dos semanas después del día del fin del mundo de Windows XP. Así que íbamos a cometer la temeraria temeridad de estar unos días con el Windows XP desactualizado, pero esperaríamos a la nueva versión de Ubuntu. Ya que nos metemos en este lío, lo vamos a poner todo bien moderno. Como es gratis...

El Ubuntu es muy moderno, pero el ordenador es antiquísmo. Básicamente nueve años con alguna actualización hace cuatro o cinco. Eso no va a funcionar ni a empujones. Leyendo sobre Ubuntu descubrimos que hay versiones especiales para ordenadores más antiguos. Alguna de ellas funcionará. Ya averiguaremos eso más adelante. En un primer momento tuvimos que decidir entre descargar la versión estable de Ubuntu 13.10 o la Beta 14.04 sin terminar. La 13.10 fue un desastre de errores y cuelgues que descartamos en seguida, y la 14.04 aunque todavía en desarrollo funcionó con total estabilidad desde el principio de las pruebas. No llegamos a probar la distribución Lubuntu para ordenadores antiguos porque tuvimos un día muy torpe y no fuimos capaces de grabar el DVD con el Nero. Sí que pudimos grabar el disco de Kubuntu con el escritorio KDE y nos gustó tanto que finalmente nos quedamos con él. En un próximo artículo explicaremos por qué.

El uso de los Live CD es todo un lujo. El sistema operativo funciona con normalidad y con un rendimiento aceptable. Tarda unos tres minutos en arrancar y se pone más lento en los momentos en los que tiene leer archivos desde el disco, pero para todo lo demás funciona bastante bien. También hay que tener en cuenta que si instalas muchos programas y actualizaciones, el disco virtual montado en memoria se llenará rápidamente. Cuando esta unidad se queda sin espacio, entonces sí es normal que el equipo se bloquee. Pero como muestra de la estabilidad de Linux, sólo se bloquea el entorno gráfico. Alguien que sepa qué cosas escribir en la consola de texto seguramente será capaz de borrar algo para dejar sitio y volverlo a hacer funcionar. La principal precaución a tener en cuenta durante el uso del Live CD es no modificar ni borrar nada importante del disco duro auténtico. Nuestro sistema de directorios aparece montado como una unidad de disco en el sistema de archivos. Evidentemente si vas allí y borras el directorio de Windows, luego cuando intentes arrancar el ordenador de forma normal vas a tener un serio problema. Yo por si acaso no llegué casi ni a abrir documentos, vaya a ser que esto se cuelgue en mitad de alguna operación con el disco y luego falle algo.

Salvo que uses un pendrive USB, que también se puede, todo lo que hagas en el sistema del Live CD se borrará cuando apagues el equipo, así que no merece la pena de hacer nada con mucho esmero. Más bien se trata de comprobar si los dispositivos del ordenador funcionan. Configurar e imprimir algo con la impresora, escanear, leer tarjetas de memoria, hablar por el micrófono, etc. Si a alguien no le funciona su exclusivo periférico favorito, y no es capaz de configurarlo, todavía está a tiempo de preguntar como arreglarlo, o de probar con otro Live CD de otra distribución.

Pasamos muchos ratos haciendo expermientos con las diferentes versiones de Ubuntu y Kubuntu. Probando programas, creando usuarios y haciendo cosas sin miedo a meter la pata. Los días pasaban y la fecha del fin de Windows XP y del principio de Ubuntu 14.04 se aproximaban. Había que ir preparando la mudanza. Lo más evidente es hacer copia de seguridad de todo. De absolutamente todo. Nueve años de síndrome de diógenes digital dan para haber almacenado muchas cosas, y eso que el disco duro es muy pequeño. Lo que hay que copiar son los documentos. Los programas no nos van a hacer falta. Habrá que guardar lo más reciente en discos DVD, en pendrives, o en servicios de internet como Dropbox o Google Drive. Las cosas más valiosas las grabaremos en dos o tres sitios. También habrá que asegurarse de que los discos o pendrives que contengan copias de seguridad antiguas funcionan perfectamente. Todavía estamos a tiempo de grabar lo que falte, hay que entender que la migración completa que vamos a hacer lo borrará todo.

Tampoco es mala idea recordar, comprobar y anotar las contraseñas de los servicios de internet que usamos como los correos electrónicos, las redes sociales, foros, etc.

Como no vamos a terminar de hacer la copia completa y de organizar tanto documento en un día, habrá que tener reunidos y localizados también los documentos que generemos en los últimos momentos después de haber grabado las últimas copias de seguridad. Algunas cosas interesantes pueden ser los marcadores de Firefox, los últimos correos electrónicos o algo que se nos pueda haber olvidado como la imagen de fondo de escritorio. Los pondremos a salvo en un último sitio, o en dos, y normalmente serán los primeros que recuperemos en Linux después de la instalación. Organizándose bien no se debe de perder nada. Pero en toda mudanza siempre se pierde algo, esperemos que no sea muy valioso.

Llega el momento de decir adiós a Windows XP. Ultima tarde dentro del imperio de Microsoft dando un último repaso a todo. Ya no tenemos nada que perder. Ahora hubiera sido el momento de probar a cambiar el nombre del directorio windows por ventanas, a ver que pasa, o de ir a MS-DOS y escribir format c:, a ver que sale. Pero mejor no complicarse más y terminar por las buenas. Seguro que no nos dejamos nada por copiar. Le damos al botón de Inicio, apagar el sistema... y la próxima vez ya empezaremos con Linux.


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