Ubuntu o Kubuntu. Con cual nos quedamos

Nuestro ordenador tenía Windows XP y como el soporte técnico se acabó, nos hemos decidido a instalar Linux. En un anterior artículo de este Blog dimos varios detalles de cómo nos preparamos para hacer el cambio, pero una de las tareas más delicadas fue elegir cual distribución de Linux íbamos a usar. Una vez decididos por Ubuntu, principalmente por su popularidad actual y su aparente facilidad de uso, también había que tener en cuenta a los diferentes "sabores" de esta distribución que nos ofrecen otros entornos de ventanas alternativos.

El primer Live CD que probamos fue el de Ubuntu, con su gestor de ventanas Unity. Nos llamó la atención el "lanzador de aplicaciones" con la barra de botones a la izquierda de la pantalla, muy diferente a Windows. Acostumbrarse a usarlo nos costaría algo de tiempo al principio, al igual que el detalle de que el botón con la X para cerrar las ventanas esté también a la izquierda, y la barra de estado esté arriba.
Pero el principal problema que encontramos en Ubuntu Unity fue la lentitud en el funcionamiento del lanzador. Cualquier operación de pulsar teclas o hacer clic con el ratón hacía que el ordenador "se lo tuviera que pensar" durante unas décimas de segundo. Muy incómodo. Desplegar el menú buscador principal con su fondo transparente borroso -blur- ya era una tarea más complicada y tardaba todavía más.

Una serie de comandos escritos en el terminal solucionaban algunos de estos problemas a costa de eliminar transparencias y efectos gráficos básicos. La instalación de los drivers de la tarjeta gráfica Nvidia seguramente hubiera arreglado la situación, pero esta tarea no es sencilla de experimentar con el Live-CD ya que requiere el reinicio del ordenador. Haciendo pruebas un día reiniciamos solamente el entorno gráfico y se obtuvo alguna mejora, pero nada aparentemente espectacular.

Como medida alternativa, y también por gusto de probar cosas, grabamos el Live CD de Kubuntu, con el entorno de ventanas KDE.

La primera experiencia con Kubuntu también salió regular. Muchos de los objetos de la pantalla no se dibujaban correctamente y todos los textos, iconos, botones, etc aparecían borrosos y revueltos. Pero en medio de aquel desbarajuste se podía apreciar que el entorno de ventanas funcionaba de forma espectacularmente rápida y ágil.

Antes de poner el DVD de Kubuntu a disposición de las palomas, nos indicaron que el problema se solucionaba fácilmente pulsando la combinación de teclas Mayúsculas+Alt+F12 para desactivar los efectos gráficos. Una vez hecho esto y ya viéndolo todo bien te dirigías al panel de control de Preferencias del Sistema, a la ventana de efectos de escritorio, y allí seleccionabas la versión correcta de OpenGL que es lo que estaba mal.

Una vez arreglado esto, el escritorio de KDE se despliega mostrándonos todos sus efectos y con una velocidad de funcionamiento espectacularmente rápida. Ventanas sombreadas en distintos colores, transparencias borrosas, iconos escalables, deformación de ventanas al abrirlas, moverlas o cerrarlas, fundidos, etc... Una gran cantidad de efectos y comodidades funcionando en nuestro ordenador de nueve años de antigüedad.


Comprobado esto, parece que la decisión estaba tomada. Esto es como haberse comprado un ordenador nuevo. Pero todavía no nos queríamos olvidar de Ubuntu Unity totalmente. Íbamos a seguir comparando las dos distribuciones para tener una idea más clara de cual usar antes de tomar una decisión final.

Mientras tanto también intentamos de grabar el disco de Lubuntu, con su escritorio LXDE, para probar una tercera alternativa, pero no fuimos capaces. La cuarta opción era Xubuntu, no la llegamos a tener en cuenta.

Empezamos a comparar Ubuntu con Kubuntu. Por ahora gana Kubuntu por hiper-velocidad. Vamos a ver si también merece la pena por otros motivos.


Lo primero que salta a la vista como principal diferencia entre Ubuntu y KDE es el colorido. Canónical ha elegido para Ubuntu un tema de colores donde predomina el blanco y el negro, pero con muchos elementos en color naranja y algunos fondos en morado. Muchos degradados y combinaciones de estos colores básicos le dan a Unity un aspecto muy cálido. Por el contrario KDE es frio, metálico, duro. El gris destaca por encima de todo y el fondo por defecto es de colores azules.

Pero como es normal, ambos sistemas ofrecen la posibilidad de modificar las imágenes de fondo del escritorio y la apariencia de los diferentes elementos de la pantalla, así que lo pones del color que quieras y arreglado.

Para personalizar el entorno de ventanas, Ubuntu Unity sólo nos ofrece unas pocas opciones básicas. Tocar detalles como los efectos de escritorio o los punteros del ratón ya exigen instalar programas adicionales o escribir instrucciones en el terminal en modo texto. Por el contrario, KDE se caracteriza por permitir cambiar y personalizar hasta el último detalle de su entorno gráfico. Hay montones de temas de escritorio para personalizar las ventanas, los botones, la barra de estado, etc... y a partir de ahí se puede entrar en detalle y afinar todo lo que queramos la apariencia de todo. Alguien dirá que esto es más complicado de usar y que aparecen muchos botones para cambiar todo esto. Pero no es obligatorio hacerlo, si quieres lo puedes dejar todo como está. Pero nos ha gustado mucho. Sólo con modificar el fondo de escritorio ya se cambia mucho, y si te pones a personalizar temas y estilos, cada usuario tendrá un KDE diferente. Por posibilidades de personalización nos seguimos quedando con Kubuntu.

La otra gran diferencia entre Ubuntu y Kubuntu es la disposición de los elementos en la pantalla. Ubuntu ha incorporado el entorno Unity con el lanzador de aplicaciones a la izquierda donde se mezclan los accesos directos con las aplicaciones en ejecución. Eso es radicalmente diferente a la forma de trabajar que tenemos los usuarios de Windows. Habría que acostubrarse, a lo mejor después hasta nos gusta. Por el contrario, Kubuntu trae por defecto una disposición de elementos en pantalla muy parecida a la de Windows, con la barra de tareas abajo, un menú de inicio algo peculiar pero cómodo, y un amplio escritorio donde lo más extraño es que no se pueden pegar directanemte documentos ni accesos directos, sino unas pequeñas aplicaciones gráficas o widgets que ellos llaman Plasmoides con las que se puede hacer de todo. Este funcionamiento del escritorio es lo más raro que tiene KDE. Todo es hiper-configurable, y si alguien tiene muchas ganas de hacerlo podría poner un lanzador parecido al de Unity a la izquierda de la pantalla y un menú común en la parte superior.

La última duda que nos quedaba es si las aplicaciones de Unity, basado en Gnome, funcionarían en KDE y viceversa. Parece que todo va bien y aunque hay diferencias de estilo en elementos gráficos como menús o botones no hay grandes problemas en abrir programas GTK o QT tanto en Unity como en KDE.

Visto esto, nos quedamos con Kubuntu. El principal motivo ha sido la gran agilidad de funcionamiento del entorno gráfico. Da igual que nuestro ordenador tenga nueve años. Se nota la aceleración gráfica por hardware para todo. También nos ha agradado de KDE el poder configurar el aspecto de todo sin instalar paquetes adicionales. En el próximo capítulo de esta historia hablaremos de cómo fue la instalación de Kubuntu Linux.

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