Un año con Linux. Hacemos balance

En abril del año pasado se acabó el soporte técnico de Windows XP y este fue el motivo de que nos decidiéramos de una vez a instalar Linux en nuestro ordenador y romper ataduras con el imperio de Microsoft. Después de hacer pruebas nos decidimos por la distribución Kubuntu, que es lo mismo que Ubuntu pero con el entorno de escritorio de KDE. Tras un proceso de instalación un poco más accidentado de lo que se suponía que iba a ser y tras los primeros ajustes y tropezones iniciales nos encontramos con un ordenador que funcionaba mucho mejor que antes con Windows, que se auto-reparó de averías que no eran tales, y parecía nuevo a pesar de tener ya más de diez años.

Para no perder perspectiva de la situación hay que decir que a lo largo de este año, mientras en casa hemos usado nuestro Linux, en el trabajo hemos estado usando un ordenador bastante nuevo con Windows 8. Pasada la euforia inicial, no es hasta que llevas un tiempo usando algo para apreciarlo bien y poder sacar conclusiones de si merece la pena o no. Esto es lo que intentaremos mostrar a lo largo de este artículo.



Como dijimos, tras instalar Linux y configurarlo a gusto, nuestro ordenador de diez años empezó a funcionar bastante bien. Era una instalación nueva, no se esperaba otra cosa, y además poniendo un sistema operativo y programas de aplicación totalmente actuales, a la última moda. No hay “bloatware” ni obsolescencia programada ni intenciones de vendernos la moto. Esto es una gran diferencia y se nota. Al principio el ordenador arrancaba muy rápido, en poco más de medio minuto. Conforme fuimos instalando más programas en los primeros meses este tiempo de arranque aumentó un poco. Desde entonces, ya sin instalar apenas nada nuevo, sigue arrancando igual de rápido. El tiempo de apagado desde que pulsas el botón hasta que se corta la luz en la torre es rapidísimo. Unos segundos. Mucho más rápido que lo era en Windows donde a veces se quedaba hasta varios minutos pensando. A veces justo antes del rótulo de Kubuntu apagándose aparece alguna línea de texto de algún programa que ha sido obligado a detenerse, pero nada más. Se ve que las aplicaciones le hacen más caso a Linux que a Windows.

A lo largo de este año, el ordenador no se ha bloqueado nunca. Cierto es que no ha habido problemas eléctricos en casa y siempre lo hemos apagado de la forma correcta. Así que de estabilidad todo perfecto. El funcionamiento de las operaciones de disco sigue siendo rapidísimo y el copiado de grandes montones de archivos siempre terminan bien, sin meterse en los barullos que formaba Windows algunas veces con los iconos y las miniaturas. Al mismo tiempo observamos que los programas han fallado pocas veces. De vez en cuando alguno se ha cerrado y un icono en forma de manchurrón azul en la bandeja de sistema nos ha informado del error y nos ha invitado a enviar un informe técnico a los desarrolladores. No es como en Windows donde aquel mensaje de “Este programa ha efectuado una operación no válida y será interrumpido” aparecía día sí día también en algún sitio. La clave para conseguir esto puede ser la garantía de estabilidad que supone instalar todos los programas a través de los repositorios oficiales de Ubuntu. Apenas hemos instalado nada procedente de otro sitio porque realmente no ha hecho falta.

Esto es un "Tahr"
Este compromiso de gran estabilidad también tiene su lado negativo inesperado, y es el hecho de que muchos programas de aplicación han dejado de actualizarse. Cuando Ubuntu liberó su versión 14.04 Trusty Tahr se preocupó de rodearla de un montón de software que funcionara bien, como una máquina bien engrasada. Y si empezamos a cambiarle piezas al mecanismo lo más seguro es que alguna vez se averíe porque las dependencias entre paquetes pueden propagar cambios que afecten a terceros programas. Entonces se ve que lo que hacen es “congelar” todo esto y dejarlo así para siempre, funcionando bien. Grandes aplicaciones como Open Office o el GIMP sufrieron alguna actualización muy al principio, pero parece que no serán actualizados nunca jamás en esta versión de Ubuntu. Si queremos tener la última versión de todo el software, habrá que actualizarlo por nuestros propios medios usando los “PPA” o haciéndolo a mano, pero entonces posiblemente perdamos la gran estabilidad de la que disfrutamos. Hay que valorar si merece la pena o no según el uso que le vayamos a dar a las nuevas funcionalidades que vayan apareciendo.

Pero si piensas que Kubuntu 14.04 está congelado en el tiempo, y se conserva como en abril de 2014, nada más lejos de la realidad. Programas clave como Firefox, los otros navegadores, el cliente de correo electrónico, etc. sí se actualizan nada más aparecer una versión nueva. Los desarrolladores de Mozilla y los de Canónical se ponen de acuerdo para llevar una versión estable de estos programas a Ubuntu. Al mismo tiempo se mantienen actualizados los componentes de Flash, Java, etc, pero todo ello a través del sistema de actualizaciones automáticas de Ubuntu. Aquí no hay ese peligro constante de que te instalen barras en el navegador ni de tener que pulsar Siguiente Siguiente Siguiente sin leer lo que estás haciendo.

Las actualizaciones de sistema, y de los programas que eventualmente se actualizan, se hacen casi a diario. Todo se hace de forma exageradamente automática a través del gestor de paquetes del sistema, que se encarga de mantener todas las dependencias entre ellos y de descargar de los repositorios todo lo que sea necesario actualizar. Es un proceso que se ejecuta en segundo plano pero que debido a la antigüedad de mi ordenador sí lo llega a ralentizar durante unos minutos. Las actualizaciones importantes de sistema se hacen de forma totalmente desatendida, mientras que para las aplicaciones se muestra una lista con todo lo que se puede actualizar y se pide la clave de administrador, tras lo cual el proceso de actualización se completa automáticamente. En muy pocas ocasiones se pide reiniciar el sistema, cosa que en Windows era mucho más habitual.

Tanta actualización de seguridad junto con la arquitectura más sólida de Linux parecen ser una garantía contra los virus y ciertos tipos de problemas informáticos, que en otras plataformas son el pan nuestro de cada día y pueden ser bastante devastadores. Los expertos dicen que no hace falta antivirus en Linux y les hemos hecho caso. De hecho no hay antivirus para Linux, sólo “Antivirus de Cortesía” para no propagar virus a otros. Mucha sensación de inmunidad, no sé si será cierta o no. Al principio daba un poco de miedo de que no salga el icono de Avast diciendo que “Todo va bien”, pero después te olvidas y ya llevamos un año sin antivirus. Con unos cuantos ajustes de seguridad en Ubuntu y con buenos hábitos de navegación y uso de internet aparentemente todo va bien. Crucemos los dedos para que todo siga así.

La apariencia del entorno de trabajo es algo que nos preocupó en un primer momento. Si te vas a vivir a otro pueblo al principio no sabes como funciona ni donde se encuentra nada, y encima lo que ves no te termina de gustar, es una situación bastante decepcionante. El diseño por defecto del escritorio y las ventanas de KDE 4 era bastante feo para nuestro gusto, con muchos tonos azules y ventanas grises con un aspecto frío y metálico. Se ha demostrado de vital importancia decorar todo a nuestro gusto para sentirnos “como en casa”. KDE es personalizable hasta el extremo y nos hemos hartado de cambiar fondos de pantalla hasta seleccionar un buen montón de ellos y agruparlos en un directorio para que se cambien automáticamente. Lo mismo con los punteros del ratón, los iconos, los botones, la barra de estado, el reloj, o los menús de aplicación. Hay que cambiar todo lo cambiable hasta dejarlo a gusto. Windows 8 nos parece un ladrillo porque nos obliga a usar sus barras de título planas y sus bordes extra anchos. No se puede tocar nada. Aquí hay infinidad de estilos para las ventanas y habremos usado ya tres docenas de ellos. Mención a parte merecen los efectos de escritorio. Las ventanas vuelan por la pantalla, se doblan o se hacen transparentes. Nuestro ordenador de más de diez años puede representar esto sin problemas, y en un año no nos hemos cansado de verlo.

Las ventanas albergan programas y los programas dependen del uso que le demos al ordenador. Estamos hablando de usos y tareas más que de marcas. No vale decir “Necesito usar el Winamp y el Acrobat Reader”, es mejor decir “Necesito escuchar música y leer documentos PDF”. Desde un primer momento la instalación básica de Kubuntu venía con un gran montón de funcionalidades y aplicaciones que resolvían con éxito la mayoría de tareas que puede necesitar un usuario medio de ordenadores personales. A parte hubo que instalar algunas cosas como el GIMP, el Blender o ciertos videojuegos, siempre desde los repositorios oficiales de la distribución. Con esto y poco más se han cubierto todas las necesidades que tenemos para el uso que le damos al ordenador. Es cierto que hace unos años se usaban grandes cantidades de programas independientes para hacer tareas que ahora se hacen a través de las páginas web de internet. Ya no somos tan dependientes del software de aplicación instalado en nuestro ordenador, y por eso podemos permitir que se quede un poco más desactualizado, salvo algunos programas clave como el navegador Firefox que siempre tiene que estar a la última.

No nos hemos podido olvidar totalmente del Photoshop, programa que no tiene versión para Linux. Para usarlo necesitamos el entorno de ejecución de Wine y hemos tenido que optar por una versión antigua que está totalmente soportada. Su funcionamiento es muy rápido pero algunas operaciones como copiar y pegar o arrastrar archivos desde el exterior a veces fallan. También han cambiado algunas combinaciones de teclas. Y cuando se harta de funcionar se bloquea y hay que salir y volver a entrar. Nos vale para hacer determinadas tareas a las que estamos muy acostumbrados. Para todo lo demás está el GIMP. Es un cambio de mentalidad más que otra cosa.

Y algunos dirán que en Linux no hay juegos. En este año estamos jugando con el ordenador más que nunca. También hay que cambiar de mentalidad. Si quieres usar determinado juego de Windows es posible que te tengas que pasar horas peleándote con el Wine y el Play on Linux para finalmente no poderlo poner en marcha. Pero si lo que quieres es “Jugar”, no te van a faltar posibilidades. En nuestro caso el emulador DosBox funciona perfecto, mucho mejor que en Windows, y el catálogo de juegos libres disponibles es interminable.

Para el resto de tareas normales no hemos tenido ningún problema ni con los formatos de archivo ni con los dispositivos. La impresora de inyección tiene el problema crónico de que se le seca la tinta y en Windows la utilidad de limpieza de cabezales nos exigía que estuvieran montados tanto el cartucho negro como el de color para desperdiciar tinta de los dos. Si retirabas uno saltaban las alarmas. Ahora en Linux puedes limpiar los cabezales habiendo sacado previamente el que está bien, para no malgastarlo. Detalles como este hacen que el software libre merezca la pena.

Una tarea sencilla que no hemos podido resolver es escuchar archivos MIDI. Los conocemos desde Windows 3.1 y jamás hubiéramos pensado que se nos iban a atragantar a estas alturas. Ni siquiera el omnipotente reproductor VLC los sabe abrir. Únicamente el extraño programa QMMP los reconoce pero la calidad del sonido es desastrosa. Parecen faltar instrumentos o éstos no están definidos de la forma a la que estamos acostumbrados. Un experto en Linux podrá escribir unas cuantas palabras mágicas en el terminal y hacer sonar el Himno de la Alegría a ocho manos, pero nosotros por ahora nos conformamos con convertirlo a MP3 y quitarnos de complicaciones.

Se supone que todos los usuarios de Linux estamos todo el día recompilando kérnels y haciendo cosas complicadísimas con la configuración de los ordenadores. Yo ya llevo un año usando Linux en serio y eso no ha sido así. Estoy haciendo con Linux las mismas tareas que antes hacía con Windows. Las cosas que no he podido hacer tan bien como quisiera más bien ha sido por culpa de la antigüedad del ordenador y no por limitaciones del Linux. A lo largo de este año, este ordenador con Linux ha tenido muchos menos problemas y un funcionamiento más estable que otro mucho más nuevo con Windows 8 que uso en el trabajo. La migración a Linux requiere calentarse la cabeza al principio ya que no todas las cosas son como nos creemos, pero al final merece la pena. Si no hubiera instalado Linux, seguramente ya hubiera tenido que comprar un ordenador nuevo, y este hubiera venido de serie con algún Windows que no me termina de gustar y que hubiera costado bastante dinero, además de los inconvenientes del software propietario. La prueba del primer año ha sido superada. Seguiremos usando Ubuntu mientras podamos y si alguna vez tengo que renovar el ordenador volveré a ponerle Linux.

Comentarios

Para escuchar los archivos midi: timidity.
JM ha dicho que…
Lo probaremos. Gracias
Anónimo ha dicho que…
Te he encontrado esto sobre reproducir archivos MIDI que te puede ser de ayuda:

http://www.tayrona.org/ubuntu/midi.html

Saludos.
JM ha dicho que…
Timidity suena regular. Probaremos este otro programa. Gracias
Puede ser por tu tarjeta de sonido ¿integrada supongo?, a mi me pasa que se escucha mucho mejor en mi raspberry pi 2 que en el i7.