Curso de Geografía, Historia y Patrimonio Monumental de Ronda y la Serranía - Marzo III

Después de este paréntesis de urbanismo y arquitectura, continuamos con la historia.

Tras la expulsión de los moros, los pobladores cristianos venían casi de rebote de otras tierras más fértiles y aquí no tenían gran interés por trabajar demasiado. Además el desastre de los repartimientos provocó que las propiedades y los terrenos se concentraran en unas pocas personas y familias muy poderosas. Uno de los marqueses más ricos vivía en el Palacio de Mondragón. El sistema de recaudación de impuestos era totalmente injusto y sólo estaba dirigido a la población normal. Los nobles estaban exentos del pago de impuestos, y la iglesia también.

Una familia de trabajadores se veía obligada a pagar la renta (alquiler) de su casa. De la cosecha que recogiera tenía que pagar a la iglesia un impuesto en la primera cosecha, y después el diezmo, que era la décima parte de todo. De este diezmo se pagaban las tercias reales al rey. También al dueño de las tierras le tenía que pagar las rentas. Con lo que quedaba tenía que vivir todo el año. También había impuestos al consumo por la compra de diferentes productos controlados por el Concejo, también en poder de la oligarquía. A menor cosecha menos alimentos y más caros. El resultado es que la mayoría de la población estaba por debajo del umbral de la pobreza. Además tenían obligaciones como dar cobijo en su casa a soldados cuando hiciera falta.

Los señores dueños de las tierras recaudaban sus rentas en forma de grano. Podían venderlo o almacenarlo para especular, esto es, aprovechar la escasez del invierno o años de mala cosecha y entonces venderlo más caro. Para remediar esta situación el Concejo tenía un Pósito situado en la actual Calle Armiñán. Era un almacén donde se recogía grano para prestarlo a un tipo de interés bajo en tiempo de necesidad. Una primitiva caja de ahorros.

Cuando el pósito se quedaba sin grano, la iglesia hacía lo mismo, pero con unos intereses mucho más altos. Su almacén de grano, la cilla, estaba en un lugar por determinar de la plaza Ruedo Alameda, en el barrio de San Francisco. Allí es donde todo el mundo debía de ir a pagar los diezmos. Llamaban Diezmos Mayores al trigo y la cebada, y Diezmos Menores a otros frutos y a los animales. Estos eran más perecederos y tenían menos valor para especular.

Los distintos conventos también obtenían beneficios del alquiler de la gran cantidad de casas y terrenos, y de los distintos actos religiosos como bautizos, bodas, entierros de niños y misas. Los entierros de adultos los cobraban otros personajes llamados Beneficiados. Esto era otro cargo vitalicio y perpetuo.

Nos muestran datos detallados de la población en las distintas parroquias de Ronda para un año del siglo XVII en que hay cifras completas. Se calcula la cantidad de cabezas de familia (vecinos) y para determinar el total de personas (almas) se hace un promedio de aproximadamente 4.5 personas por familia. Eran unos 12.000 habitantes. Al ver la cantidad de religiosos en los conventos llama la atención el gran número de sirvientes. En otra tabla se recoge el gasto en alimentación del clero, cantidades de trigo, cerdos, aceite, vino, etc... Muchos comentarios en el auditorio hacen que el profesor nos recuerde que estos son datos objetivos sacados de los archivos.

También llama la atención que como la iglesia estaba exenta del pago de impuestos al adquirir comestibles, que pudiera hacer ciertos negocios de reventa. Y que por otros motivos de devoluciones fiscales le interesara agrandar un poco estas cifras. Otros ingresos como donativos o herencias no están tan bien documentados. Algunos nobles celebraban y pagaban miles de misas al morir.

La iglesia también dedicaba parte de sus ingresos a fines sociales. Comedores, limosnas en tiempos de invierno, creación de hospitales y hospicios, etc. Si dejaban que la población se muriera de hambre a ver quien les iba a pagar los diezmos el año que viene.


En esta época la población sólo tenía momentos de ocio en las fiestas locales. Había fiestas religiosas, fiestas para recordar el gran terremoto, la Real Feria de Mayo y el Carnaval. En esta última tenían grandes broncas entre los barrios y siempre había algún muerto. Tuvieron que prohibir los sombreros de ala ancha. No mucho tiempo después en Madrid ocurriría el Motín de Esquilache por intentar prohibir las capas largas por el mismo motivo.


En el siglo XVIII el rey se planteó abrir algunas industrias para mejorar la situación de las partes de España más deprimidas. A la Serranía de Ronda le tocó el proyecto de una fábrica de hojalata que estaría situada en Júzcar. La hojalata serviría para las latas de conservas que ya entonces existían, y para fabricar determinadas piezas de los barcos.

Unos señores de la zona de Cádiz y Sevilla se comprometieron a hacer la inversión necesaria a cambio de títulos nobiliarios y de tener todas las facilidades posibles para la puesta en marcha y funcionamiento de la fábrica. También fue necesario contar con unos ingenieros alemanes conocedores del proceso industrial de fabricación de la hojalata. El príncipe de Sajonia no les dejaba salir de su país y tuvieron que viajar escondidos en baúles y botijos.

La fábrica empezó a funcionar pero no duró mucho tiempo. Uno de los principales problemas era la falta de caudal del río Genal en verano, necesario para mover la maquinaria. En vez de hojalata estuvieron fabricando en los altos hornos otros objetos como clavos y herrajes para carros y caballos. Unos treinta años después las instalaciones ya estaban sin uso y abandonadas. Muchos trabajadores se trasladaron a Jimena de la Frontera. En la actualidad apenas se conservan restos en ruinas de los distintos edificios, chimeneas y canales en un lugar conocido como Despoblado de Moclón.


En el siglo XIX la situación de la población no había mejorado mucho. Altos niveles de pobreza y analfabetismo. La ocupación de la población seguía siendo en su mayoría la agricultura. Algunos artesanos pero nada de industria. Todo intento industrializador fracasaba. Ronda ya intentaba ser el centro comercial de la Serranía. Esto era bueno para el comercio, pero también trajo conflictos sociales ya que la gente de los pueblos se venía a Ronda en tiempos de escasez a pedir y mendigar.

La ocupación francesa de España hizo que el Ayuntamiento, entonces llamado Junta, y la Real Maestranza centraran sus esfuerzos en mandar soldados a las distintas batallas para intentar defenderse de los franceses. Finalmente llegaron a Ronda y la ocuparon sin derramamiento de sangre. En la Serranía la situación fue distinta y hubo mucha guerra de guerrillas. Esto daría lugar a que se extendiera el fenómeno del bandolerismo.

Durante la ocupación, el ayuntamiento tuvo que correr con los enormes gastos del ejército francés, y se quedó arruinado. Varios años de sequía, malas cosechas y enfermedades hicieron que hubiera mucha hambre y la población descendiera. Los franceses dividieron Andalucía en seis departamentos. Ronda pertenecía al de Jerez, y era sub-prefectura de éste junto con Cádiz. En este tiempo los bandoleros de la Serranía asaltaron Ronda varias veces y se perdieron gran cantidad de documentos de los archivos.

Los franceses traían unas ideas nuevas y revolucionarias sobre el funcionamiento del país. Algunas personas estaban de acuerdo con ellos en cierta forma porque pensaban que así se podría mejorar la situación de pobreza y atraso. Fueron conocidos como Afrancesados. Después sufrirían una fuerte represión.

Tras la retirada de los franceses, los bandoleros en vez de desaparecer se centraron en luchar contra los poderosos. Para algunos esto era más cómodo que volver a trabajar en el campo como si nada. También se empezó a producir el comercio de los productos de contrabando de Gibraltar. La Serranía de Ronda fue un punto clave para la distribución de todas estas mercancías al resto de Andalucía.

En las últimas décadas del siglo XIX comenzaron a surgir tendencias políticas más revolucionarias como anarquistas, masones, republicanos, etc. Según los datos de los archivos se puede comprobar que muchos de los grandes contribuyentes del Ayuntamiento también pasaron a formar parte de estos movimientos, que no todos eran conservadores.

Para finalizar, llama la atención la gran cantidad de periódicos que se editaron en Ronda durante el siglo XIX. Nos enseñan varios listados con docenas de ellos que existieron durante muchos años. Lo más grave es que casi nadie sabia leer. Calculan que estarían destinados a apenas un centenar de familias.


Web del curso: www.rondamas.com/congresohistoria2

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