Pago en especie entre empresarios

Si vas a la tienda a comprar un kilo de tomates, y en vez de pagar con dinero pretendes entregarle algún cachivache que tengas en casa, te vas a quedar sin comer tomates. Pero entre empresas con la excusa de la crisis ahora vale todo. Ante la posibilidad de quedarse sin cobrar un trabajo finalizado, se acepta cualquier cosa como pago, y lo que era una medida de emergencia pasa a convertirse en una práctica más habitual.


En un restaurante se les avería un frigorífico y en vez de pagar al técnico la reparación, le invitan a una mariscada con su señora. Van a pintar un portón a un taller y se llevan las cuatro ruedas nuevas para el coche. O instalan un toldo en una ferretería y consiguen a cambio cuarenta metros de balaustrada para el chalet de la sierra. Una auténtica ganga. Esto tiene la ventaja adicional de que seguramente no haya facturas de ninguna de las dos partes y se ahorren todos los impuestos, así como tanto les gusta a los empresarios.

Pero inevitablemente se generan gastos como los pagos a proveedores serios, las facturas de luz, los impuestos y los sueldos, pero no hay efectivo para pagarlos. A Sevillana/Endesa no le puedes pagar con la lámpara de forja que pesa doce kilos y ahora te da susto colgarla en el salón, y los empleados tienen que pagar puntualmente sus hipotecas con euros contantes y sonantes o se van a vivir a debajo de un puente, sin salón.

Hacemos cuentas y no hay dinero. La barbacoa de piedra y los cuatro jamones no se cuentan. La empresa no da beneficios. No facturamos suficiente y hay que recortar gastos. La crisis, los impuestos, la seguridad social, el redondeo del euro, la pérdida de Cuba en 1898, para que te voy a contar... Te doy a cambio este ropero de seis puertas y quedamos en paz.

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