Un puente de cristal sobre el Tajo de Ronda

En este blog siempre nos gustan las cosas extrañas, y como este año es año de elecciones, vamos a aprovechar para imaginar unos cuantos proyectos del estilo de los que nos cuentan los políticos cada vez que quieren que les votemos. Tan vistosos como caros, contraproducentes e irrealizables, y que normalmente nunca llegan a existir en la realidad por motivos obvios. Pero imaginarlos entretiene.


En primer lugar vamos a construir una pasarela peatonal que atraviese la garganta del Tajo de Ronda, a una altura de unos 90 metros sobre el cauce del río Guadalevín entre dos acantilados de piedra. Uniría el Mirador Aldehuela, junto al Palacio de Santo Domingo, con una de las terrazas más altas de los Jardines de Cuenca. En un principio el trazado sería recto, con una longitud de unos 65 metros en pendiente. Para innovar en el estilo de nuestra pasarela, única en el mundo, los suelos serían de paneles de cristal transparente, y las barandas posiblemente también.

El punte estaría formado por una serie de barras de hierro que irían de lado a lado del Tajo y sostendrían los suelos de cristal, pero sin entorpecer la visión. Para reforzar su estructura habría en cada extremo una pequeña torre metálica de la que saldrían una serie de hilos de alambre de acero con una aleación especial de grafeno para conseguir una máxima resistencia con un diámetro mínimo. Los suelos irían recubiertos con una sustancia especial inventada por la NASA para ganar en adherencia y evitar resbalones, pero siempre manteniendo su transparencia. El puente estaría equipado con un sistema de luces LED de puntitos de colores para incrementar su atractivo por la noche.





El impacto visual no sería un gran inconveniente. Todos los elementos metálicos irían recubiertos de una capa brillante de níquel estilo espejo, para que se reflejara el paisaje de alrededor. Los suelos y barandas del puente tampoco producirían demasiadas sombras en las paredes del Tajo al ser de cristal. Para evitar molestias a los pájaros habría dispositivos electrónicos para espantarlos y que no se acerquen demasiado. Los ciudadanos y ciudadanas podrían cruzar el puente con unas precauciones básicas como no caminar dando saltos ni llevar patines o tacones. La capa superior del laminado de cristal se podría sustituir fácilmente cuando se arañe, y tendría una garantía de cuatro años.

Nos contarían también que una ventaja adicional de este proyecto -y de cualquier obra- es que su construcción sería un espectáculo en si misma, y que durante un tiempo crearía un gran número de puestos de trabajo en la ciudad. Independientemente de que luego vinieran empresas foráneas con sus propios trabajadores especialistas.

Es probable que muchos de los posibles votantes se ilusionen con un proyecto como este y depositen su papeleta en la urna sin más. Pero seguro que viene algún listillo que se le ocurre de ir a asomarse a los miradores y se da cuenta de que la diferencia de altura entre ambos extremos del puente es considerable y éste tendría una gran pendiente. Más que un puente sería un tobogán. [Nuestro próximo proyecto no es un tobogán desde la Alameda]. Este elector inquieto tampoco se creería la historia de los suelos antideslizantes desarrollados por la NASA, así que hay que darle una solución más concreta. Huímos hacia adelante con algo todavía más increíble y pasamos al Plan B.


Como la pendiente del puente recto sería muy alta, una posible solución para hacerlo más llano sin modificar los miradores existentes sería aumentar considerablemente su longitud. En vez de elegir un trazado con curvas estilo Carretera de San Pedro, optamos por poner un tramo circular en el centro que dé un giro casi completo y se atraviese a sí mismo por debajo antes de continuar hasta el final. Tenemos la ventaja adicional de poder asomarnos más hacia el norte a disfrutar de unas vistas espectaculares del Puente Nuevo.



La técnica de construcción de este nuevo puente sería mucho más complicada que en el primer diseño recto. Ya no son suficientes las dos torres metálicas en los extremos, sino que haría falta además un poste central de gran altura clavado en el fondo del río para atar los múltiples hilos de aleación de grafeno que soportarían el tramo helicoidal central. Este poste también estaría metalizado con acabado de espejos para reflejar el paisaje, e iría fuertemente anclado al Tajo con otros hilos de grafeno más gordos para que no se mueva con el viento. En lo alto podríamos poner un pararrayos, una antena de WiFi gratis, unas cámaras web meteorológicas, un nido de cigüeñas y una señal con una luz roja para alejar a los aviones, pero con una longitud de onda especial para no espantar a las cigüeñas.



El coste de construcción de una cosa así sería caro o más bien carísimo, pero nos dirían que la inversión se recuperaría en cuatro días ya que a los numerosos turistas que diariamente visitan nuestra ciudad se sumaría un gran número de otros turistas aficionados a visitar miradores de cristal a gran altura. El pago del proyecto se haría por adelantado a un arquitecto de reconocido prestigio, con la ventaja de que al declararse un gran admirador enamorado de nuestra ciudad nos haría un precio especial. Para cubrir los gastos del montaje habría un plan de endeudamiento con los principales bancos previsto con unas inmejorables condiciones, entre las que destaca el aplazamiento del inicio de los pagos a cuatro años después.

Para la limpieza y mantenimiento del puente se ha desarrollado una flota de cuadricópteros automáticos equipados con trapos. Además, una conocida empresa de fabricación de limpiacristales ya está interesada en instalar una fábrica en nuestro Polígono Industrial. Todo son ventajas.


Tamas Relacionados

Comentarios